A veces la gente te decepciona. Es lógico, somos humanos y nadie es perfecto. Duele, pero se sobrevive.
En cambio, hay gente que, sin saber por qué, reaparece. Y lo hace a lo grande.
Los mejores no siempre son los que no se van.
En mi caso, el mejor es el que ha hecho lo posible por volver. Y es que bien está lo que bien acaba.
Reflexiones de madrugada, o en su defecto, de esos momentos en los que no se aguanta ni un minuto más.
sábado, 26 de noviembre de 2011
Bien está lo que bien acaba
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jueves, 17 de noviembre de 2011
Estoy dispuesta...
A intentarlo.
A pasar vergüenza.
A volver andando a casa.
A quedarme sin voz.
A estar ahí.
A dormir poco.
A hacer un hueco en mi lado del sofá.
A tener más diálogos y menos monólogos.
A dejar de interrumpir cuando me cuenten algo.
A escuchar más.
A quejarme menos.
A no preocuparme por tonterías.
A dejar de mirar atrás cada vez que avanzo un poco.
Esta vez, estoy dispuesta incluso...
A creer en la magia.
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