viernes, 31 de enero de 2014

Y en un segundo, Barcelona.

No sé quién dice que viajar en el tiempo no es posible, pero se equivoca.

Sin ir más lejos, durante los cuatro minutos que dura una canción, yo he pasado de estar un jueves por la mañana en una oficina en Madrid, a estar en una madrugada de Enero en 2013 en Barcelona.

Durante cuatro minutos he bebido de la copa de un moreno con una sonrisa que corta la respiración. Me he perdido entre la multitud y me he olvidado de todo lo que había a mi alrededor. He bailado con todas mis fuerzas y me he caído de risa. He jugado a ser quien quiero ser. He hecho planes para acabar la carrera y dar la vuelta al mundo.

He bailado lento, muy lento, canciones rápidas. Y he bailado cerca. Muy cerca.

He sonreído y me ha vuelto un sabor dulce a la boca, de los que dejan buen gusto durante todo el día.

Y he vuelto a la oficina, a trabajar con mi sonrisa.


martes, 28 de enero de 2014

Soñar es gratis.

Para salir de un bajón o de una mala racha, muchas veces el secreto está en la forma de pensar.

En estos momentos hay que pensar en positivo. Hay que pensar en verano y en calorcito. Hay que quedar con amigos y avisarles de que vengan destilando buen rollo. Ten sonando de fondo esa canción que te obliga a sacar una sonrisa y te planta la imagen de un final feliz en tu cabeza.

Cierra los ojos y vuelve a un momento feliz. Imagínate la noche perfecta. Imagínate corriendo por la ciudad sin pensar en lo que dejas atrás. Imagínate bailando en la playa, e imagínate ese cruce de miradas.

Viaja durante un rato a tu momento perfecto. Da igual si ha pasado si esperas que pase o si sólo es un sueño, y es que al fin y al cabo no hay nada más potente que un sueño.

Y soñar es gratis.

jueves, 23 de enero de 2014

Prioridades.

Casualidades. Es un tema en el que probablemente la mayoría os hayáis parado a pensar alguna vez. ¿Cuál es la probabilidad de que hoy te cruces por la calle con la persona con la que seas compatible? ¿Y qué tendría que pasar para que se pare a hablar contigo?



El problema esta vez no es esa pequeña probabilidad de cruzarse. Las dificultades para tu felicidad no sólo dependen de que, entre todas las personas que ha visto, decida fijarse en ti. De lo que no te has dado cuenta es que lo que tiene que coincidir son vuestras prioridades.

Evidentemente, no es un obstáculo insalvable. Las prioridades cambian con el tiempo y con las circunstancias, pero deberíais haber visto mi cara en ese momento. Ese instante en el que el reloj marcó la medianoche y la carroza se convirtió en calabaza. El sabor de boca cuando la última nuez ha tocado amarga. Cuando, tras haberlo pensado, él se dio cuenta de que se le estaba olvidando algo que no podía dejar de hacer. Cuando él (no sin despedirse) se dio la vuelta y se fue.

jueves, 9 de enero de 2014

Sobre no poder escribir

Un amigo me dice que le resulta mucho más difícil escribir cuando es feliz, y no voy a ser yo quien le lleve la contraria. En esos momentos tienes muchísimo de lo que necesitas desahogarte, mil historias y recuerdos de los que tirar y una sensación de vacío que hay que llenar de alguna manera.

En cambio, hay otros momentos en los que te vuelves tonto. Sin ir más lejos, yo ayer miré el móvil ochocientas veces preguntándome si ya podía escribirte, o si todavía era demasiado pronto. Lo que es peor: cuando me decidí a hacerlo, en dos minutos pase por ochenta estados de ánimo, en setenta y nueve de los cuales pensaba que habías cambiado de opinión, y en el que queda decidí que eras un cobarde por haber desactivado la opción de ver tu última conexión.

El motivo por el que muchas veces me (nos) resulta más complicado escribir cuando somos felices es porque todavía no tenemos una historia que contar. Nos encontramos en medio de una carrera en la que las cosas se suceden tan rápido que estamos concentrados en absorber hasta el último detalle de todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Estamos concentrados en poder reaccionar a tiempo para prolongar al máximo esa tensión que nos mantiene en vilo. Al final, es incómodo tener que dejar una historia sin acabar de escribir el final.

¡Qué faena esto de no poder escribir!