No sé
quién dice que viajar en el tiempo no es posible, pero se equivoca.
Sin ir
más lejos, durante los cuatro minutos que dura una canción, yo he pasado de
estar un jueves por la mañana en una oficina en Madrid, a estar en una
madrugada de Enero en 2013 en Barcelona.
Durante
cuatro minutos he bebido de la copa de un moreno con una sonrisa que corta la
respiración. Me he perdido entre la multitud y me he olvidado de todo lo que
había a mi alrededor. He bailado con todas mis fuerzas y me he caído de risa.
He jugado a ser quien quiero ser. He hecho planes para acabar la carrera y dar
la vuelta al mundo.
He
bailado lento, muy lento, canciones rápidas. Y he bailado cerca. Muy cerca.
He
sonreído y me ha vuelto un sabor dulce a la boca, de los que dejan buen gusto
durante todo el día.
Y he
vuelto a la oficina, a trabajar con mi sonrisa.
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