Hay pocas cosas tan bonitas como una puesta de sol. Es uno de los pocos momentos en los que puedes mirarlo durante un rato, sin llegar a quemarte la vista. Según va bajando, su alrededor coge tonos anaranjados, y las nubes se vuelven rosas.
Míralo bien, disfrutalo, porque como te despistes, cuando vuelvas a mirar se habrá acabado el momento.