viernes, 8 de febrero de 2013

Un buen día

Un buen día es levantarse y salir a tiempo de casa.

Un buen día es desayunar lo que más te gusta.

Un buen día es ir a clase y que te salgan las cosas bien. 

Un buen día es un guiño de un guapo desconocido.

Un buen día es llegar a casa y que den una buena película en la tele.

En un buen día, te metes en la cama y piensas: "mañana repito"

Sin embargo, la felicidad... no sé, creo que no es tan fácil. Aunque a veces nos engañamos, y nos hacemos creer a nosotros mismos que es más difícil de lo que creemos. Inalcanzable. La rozas con los dedos, empiezas a saborearla... y una vez más, se ha escapado. ¿Os ha pasado? Pues entonces os debo dar mi más sentido pésame. Pero no os preocupéis, tiene truco. Sólo tenéis que dejar de confundir ser feliz con estar contento. Por ejemplo, gracias al buen día que he tenido, estoy contenta. En cambio...

Ser feliz es levantarte muerta de sueño y reírte de tus hermanos, que están peor que tú. Ser feliz es que lo que más te guste, sea lo que desayunas. Ser feliz es ir a clase y disfrutar con las payasadas, que no nos puede gustar cada minuto de todo lo que hacemos, pero podemos sacar lo mejor de ello. Ser feliz es la esperanza de recibir un mensaje del chico de ojos verdes (que nunca lo manda, pero es como la lotería: sabes que te va a tocar). Ser feliz es llegar a casa, no darle un beso a tu madre para no contagiarle el catarro, y que venga corriendo a darte varios ella a ti. Sentarte con tu padre y contarle absolutamente todo de tu día, sabiendo que estás interrumpiendo su lectura, pero siendo consciente de que, sólo porque se lo cuentas tú, esto está siendo lo más interesante del mundo. Ayudar a tu hermano con un trabajo, y acabar haciendo más payasadas que deberes. Ser feliz es meterse en la cama y pensar: "No les cambio por nada del mundo".