No sigue mi línea habitual de escritura, pero quiero hacerlo. A ver qué tal sale.
Roma. Marzo de 2013.
Aquí estoy una vez más. Me encanta esta ciudad, se respira el arte en cada esquina. Desgraciadamente, esta vez no vengo de visita: hay que tomar decisiones, y no va a ser fácil. Con un poco de suerte, podré volver a casa cuanto antes. Con un poco de suerte.
---
Llevamos ya un par de días en el Vaticano. Ha empezado el Cónclave, y hay muchas decisiones que tomar. No estamos eligiendo un predicador, ni una mera cara para la Iglesia. Hay muchas cosas que hacer, tanto por cambiar... y demasiada gente cansada. Se habla de la necesidad de escoger a alguien joven, con fuerzas para soportar las tareas del cargo, y cuya salud no vaya a impedir tomar las decisiones correctas. Alguien con carácter que nos pueda guiar a todos, pero que vea al prójimo en cada esquina. Alguien que encuentre a Dios en todas las cosas. Hoy más que nunca, necesitamos al representante de Dios en la tierra. Una vez más, me pongo a su servicio, para que me guíe en mis decisiones, y me ayude a buscar y hallar la voluntad de Dios.
---
Segundo día aquí. Se supone que aquí podemos reflexionar todo lo que sea necesario, y sin embargo... No sé que hacer. No es la primera vez que se plantea esta situación, y eso hace que mis dudas sean aún mayores. Le doy vueltas, una y otra vez. ¿Por qué se repite esta situación? Señor, no me permitas que sea sordo a tu llamado. Y sin embargo, ¿Será esa su verdadera voluntad? ¿Será lo mejor para la Iglesia? ¿Seré capaz? Me retumban en la cabeza las palabras de San Francisco de Javier:
"Señor, aquí estoy.
¿Qué quieres que yo haga?
Envíame a donde tú quieras."
---
Cuando se anunció la decisión, notó un gran peso sobre sus hombros. No iba a ser fácil, e iba a necesitar ayuda. Se repetía a sí mismo una y otra vez esa oración que tanto había utilizado desde el noviciado.
"Tomad, Señor, y recibid
toda mi libertad,
mi memoria,
mi entendimiento,
y toda mi voluntad;
Todo mi haber y mi poseer.
Vos me lo disteis,
a Vos, Señor, lo torno.
Todo es vuestro,
disponed a toda vuestra voluntad.
Dadme vuestro amor y gracia,
que ésta me basta."
Una y otra vez.
Un paso detrás de otro.
Antes de salir, paró un minuto.
"Su Santidad, todo el mundo está esperando."
Una última frase. Una última oración. Un último deseo, antes de que fuera público.
"En todo, amar y servir"