martes, 29 de octubre de 2013

El árbol de la vida.

Podríamos dibujar el tiempo de forma bastante similar a un árbol. Tenemos un tronco central en el que empezamos a avanzar, y cada una de las ramas es una decisión. No tenemos la opción de dejar de subir, porque el tiempo no puede parar, así que cada vez que vamos a una rama, dejamos de tomar todas las demás.

Muchas veces nos dejamos llevar por la inercia para no tomar una decisión, pero no es más que un engaño que nos apetece creernos. Las ramas no dejan de pasar porque nosotros cerremos los ojos, seguirá habiendo caminos a los que ya no podremos volver y nos dirigiremos a un destino en el que simplemente nos estamos negando a pensar. Otras veces intentaremos parar, y haremos todo lo posible para mantenernos en el desvío manteniendo un equilibrio que cada vez es más imposible.

Quizás en un futuro tenga suerte y se crucen varias ramas. Habrá pasado el tiempo, y tendré otra oportunidad. Veré que me he equivocado al juzgar, que mi decisión, o la falta de ella, no fue la correcta y esta vez tiene remedio. Gracias a eso tendré el apoyo de los que me rodean y será más fácil.


Ahora tengo miedo. Y ninguna de las dos ramas que tengo delante es una rama feliz.

jueves, 24 de octubre de 2013

Lo que quieras.

Llámalo destino. Llámalo casualidad. Llámalo como te dé la gana.

Pero por favor, no digas que yo he tenido alguna elección en todo esto.

domingo, 20 de octubre de 2013

No es tan fácil.

No siempre es tan fácil. Muchas veces decir que no, cuesta. La mayoría es por ilusión. Otras veces serás consciente de que estás pisando el acelerador cuando vas directo contra un muro de hormigón. 

Pero ¿Qué haces cuando se juntan en una misma situación la necesidad de huir y la de quedarse? Cuando lo que quieres, lo que necesitas y lo que te conviene son cosas tan extremadamente opuestas, quizás te acabes dejando llevar para no decidir, aunque sabrás dónde vas y el muro esté cada vez más cerca.

Embrace for impact.

martes, 8 de octubre de 2013

Por tu culpa.

Cuentan por ahí que cada uno se labra su propia suerte, que se recoge lo que se siembra y cosas de esas. Pero a mí me trae sin cuidado, porque he decidido echarte la culpa de todo lo raro que pasa en mi vida. Y te aviso: si normalmente ya son muchas cosas, estas semanas se han llevado la palma.

A partir de ahora eres responsable de todos los moratones que aparecen en mi cuerpo sin avisar. Si no me distrajeras tanto, me daría la mitad de golpes. Por tu culpa me duele la pierna izquierda y el codo derecho. He salido de fiesta un martes a una zona que ni siquiera me gustaba. Todos los días dejo para un día más tarde el terminar de hacer la matrícula. Me planteo que quizás no sea tan mala idea hacer una tarta cada vez que se me antoje. ¡Salgo a correr! Viví un terremoto en el despacho. Me he montado en el coche de un desconocido, y he invitado a merendar a una persona a la que no pensaba ver mucho más.

Lo que no entiendo es cómo no estoy corriendo en dirección contraria y con todas mis fuerzas. Al fin y al cabo, es lo que parecería más sensato, ¿no?

¡Otra cosa de la que tienes la culpa! Me has robado la poca sensatez que me quedaba.

jueves, 3 de octubre de 2013

Bailar en la oscuridad

Más que un sentimiento, un deseo: aquí os dejo una canción para bailar lento y cerca. En una fiesta o en el salón de casa.

Pero tiene que ser lento y cerca. Y a ser posible, con poca luz.


Dos días.

No es amor, ni mucho menos, pero hay algo en él que te obliga a mirar hacia donde está. Echas un vistazo de reojo y te paras un rato a analizar lo que ves. Cuando repites, te vuelves corriendo porque estaba mirando él. Hasta que te sostiene la mirada. 

En ese momento prepárate, porque lo de alrededor se va a volver borroso y todo empieza a dar igual. No importa que no sea tu tipo, que seáis polos opuestos o que en circunstancias normales no os hubierais soportado. Todo eso está de más, porque hay algo en él que te obliga a acercarte cada vez más. 

En ese momento te encuentras con dos opciones: irte corriendo de ahí, o mostrar todas tus cartas. Y si no eres rápido en tu huida, tú mismo te obligarás a jugar. 

¿Sabes qué te digo? Que juegues, y que saques beneficio. Haced que arda la ciudad, porque calor no os va a faltar, y que gravitéis el uno alrededor del otro durante un rato. Al fin y al cabo, para detener el tiempo no hace falta una máquina, lo necesario es química pura.

Date prisa, que esta es una reacción de combustión rápida. Pero fascina hasta el punto de quedarse eternamente grabado en tu retina. 

Y disfruta, que la vida son dos días.