viernes, 22 de junio de 2012

Aprender a aprender.

Aprender... A hablar, a andar, a sumar, a leer.

Pero también aprendemos a querer, y que el amor de una madre es incondicional. Aprendemos que quien mejor te puede defender en una pelea es un hermano, aunque segundos antes os estuvierais tirando del pelo. Aprendemos el valor de la amistad, y pasándolo mal, a distinguir entre amigos con los que puedes divertirte y amigos con los que puedes contar para todo.

Aprendemos que ser feliz no es tan fácil como nos prometieron, pero que al mirar hacia atrás, volveríamos a tomar las mismas decisiones una y otra vez. Aprendemos que lo que vale la palabra de cada uno dice mucho de ellos como persona, y lo aprendemos cuando ya es demasiado tarde para no confiar en la palabra de cualquiera.

Aprendemos de nuestras alegrías, y sobre todo, de nuestros errores, porque para recordar algo, te tiene que dejar huella, para que al final, todas tus huellas te definan como persona. Y desaprendemos todas las veces que sea necesario para, esta vez si, conseguir hacer las cosas bien.

martes, 5 de junio de 2012

Dos caras de una moneda.

Porque esta puede ser una época de estrés, de no me da tiempo a estudiármelo todo, de quiero acabar cuanto antes, de no me entraría más información ni haciendo que me crezca la cabeza, de gastarte el sueldo en fotocopias y de llevarte un palo por cada tema con el que dijiste Esto no entra ni de Blas.

Pero también es la época de parar a mediodía poder comer tirados en el césped (no se vosotros, pero yo, aunque no me ponga morena, hago la fotosíntesis). Es la época de sólo poder hacer plan tranquilo cuando sales (¡Que mañana madrugo!) pero en los que se encuentran las ideas más absurdas para el verano. Es época de bailar poco en las discotecas y mucho a escondidas en la habitación. De que empiece a oler a verano y saber que, cada día, queda un día menos.

Así que mucho ánimo a todos los necesitados de fotosíntesis que estén encerrados en la biblioteca*. Cada minuto, se accerca un poco más la libertad.
(*A los que han terminado no. A ésos, hasta que termine yo, ni los buenos días. Que me pongo verde de envidia)