domingo, 29 de abril de 2012

Vacío

Te metes en la cama y miras al techo. Ahora mismo sólo te saldría llorar. Pero te aguantas, porque crees que no tienes derecho.

Pasa el tiempo, pero las heridas no se cierran. Porque para eso te haría falta llorar y pasar página. Y ya no te quedan lágrimas, no puedes desahogar todo aquello que quisiste decir en su momento. Y una vez más, te tienes que aguantar. Con un vacío que no se llena ni con todo eso que no supiste decir.

viernes, 27 de abril de 2012

Mitch, Earl, Wilma, Katrina...

Todos necesitamos desahogarnos de vez en cuando. Si no, cualquier pequeña tormenta se puede convertir en un huracán. Y no os lo recomiendo, porque si eso llega a ocurrir, sólo tendrás dos opciones: estar en el ojo del huracán, o ser el propio huracán. Y mucho cuidado con lo que eliges, porque se va a destrozar todo lo que hay a tu alrededor.

¿Qué quieres? ¿Sembrar el caos, o ver cómo todo se hunde y no puedes escapar?

Os lo pregunto porque yo ya no entiendo nada, y no sé si, a veces, simplemente es más fácil ser el malo de la película.

domingo, 22 de abril de 2012

Definiciones: Miedo

Tengo un defecto muy grande: Siempre quiero lo que he perdido y sé que no voy a poder volver a tener.

Hace falta que pierda un buen amigo para que sea al que más eche de menos. O que vea que el otro ha seguido adelante y que yo sigo paralizada por el miedo a lo que vaya a encontrar.

Miedo... Qué palabra tan curiosa, ¿verdad? Sé perfectamente lo que es el miedo, pero por mucho rato que estuviera explicándolo, no creo que llegara a alcanzar todos los matices que tiene. Hay uno, que los que me conocen bien saben que tengo: El miedo a la soledad. A ir dejando que poco a poco, se vayan aquellos que más me han ido apoyando en cada momento. A ver cómo todos encajan, y yo no. A ver cómo todos encuentran un gran apoyo... Y no soy yo.

No es un miedo que paralice. Es algo latente. Que te permite ser feliz durante el día, como te habías propuesto. Y que te ataca por las noches, a las 3 de la mañana. Que no solo no deja dormir, sino que te hace un nudo en la garganta mientras miras al techo e intentas no llorar. Mañana será otro día, te dices. De día todo se ve con más perspectiva. Pero la realidad es que se va acumulando la gente a la que echo de menos. Por la que daría un mundo por poder abrazar, aunque sea una noche más. Una sola noche en la que no me tenga que quedar mirando al techo y piense que, claramente, hay algo que estoy haciendo mal.

lunes, 16 de abril de 2012

Asignaturas para escapar un rato.

Estamos en clase. El profesor nos cuenta algo sobre una economía de Robinson Crusoe y un tal Solow. Miro la pizarra y... Espera. ¿Y todas esas ecuaciones? ¿De dónde han salido? Mi cara mientras intento descifrarlo debe ser un poema. Miro el papel. Sigue en blanco. Lógico. Lo que pone en la pizarra seguro que es una broma. El profesor podría estar contándonos su vida en ecuaciones y muy pocos de la clase se enterarían. Para demostrármelo, miro a mi alrededor. Unos atienden. Otros copian con la misma cara que tenía yo hace un momento. Más de los que deberían, miran el móvil. Algunos aprovechan para estudiar otra asignatura. Un chico lee el Marca en el ordenador. Tiene las diapositivas abiertas en segundo plano por si acaso. 

La verdad es que me iría de clase. Pero no creo que levantarme e irme en medio de una explicación sea una buena idea. Así que cojo mi folio en blanco y huyo por otra vía. 

Y esta vez... ¿Dónde quiero huir? Piensa, piensa... ¿Un paseo por la ciudad? No, eso lo puedo hacer cuando salga de clase. ¿Un cuento de dragones y príncipes azules? No, este año los principes azules han desteñido tanto que parece que se me ha explotado un rotulador de tinta indeleble. 

Ya está decidido. Me voy a la playa. A una playa de arena fina y agua cristalina. Donde no hay más ruido que el de las olas y las gaviotas. Me siento y escucho. Creo que es de mis sonidos preferidos. Me ayuda a pensar con claridad, a tomar decisiones y ordenar mis prioridades. 

Estando ahí, hago un pacto con el futuro. Que me va a volver a mandar esos momentos de los que tanto disfrutaba. De los que me dejaban feliz durante toda la semana. Y yo voy a aprender a valorarlos y a cuidarlos.

Y eso es lo que toca esta primavera.

Disfrutar como una enana.

domingo, 8 de abril de 2012

Llorar no es de cobardes.

¿Y si un día te diera por frenar un rato? ¿Y si en ese descanso te diera por mirarte a ti mismo? ¿Y si, para variar, ésta vez lo haces desde fuera? ¿Qué pasaría?

Llorar no es de cobardes. Ni mucho menos. Todos tenemos derecho a llorar en algún momento. Y muchas veces hace falta valor para pararte un rato y llorar. Pero no me malinterpretéis. Todos tenemos que aprender a llorar... Y a seguir adelante. 

Llorar no es de cobardes. Pero seguir con tu vida, rehacerla, es de valientes. Déjalo todo un rato, mírate. Yo he visto que lloro mucho. Y he tardado en darme cuenta. Pero que haya tardado no significa que sea tarde.

Eso recordadlo siempre. Nunca es demasiado tarde. Y menos si si tienes ganas. Ganas... ¿De qué? De continuar, de volverlo a intentar o, si quieres, de hacer borrón y cuenta nueva. Cada uno marca su propio camino, como ya nos dijo el Sr. Machado:

Caminante son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
Se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.