domingo, 8 de abril de 2012

Llorar no es de cobardes.

¿Y si un día te diera por frenar un rato? ¿Y si en ese descanso te diera por mirarte a ti mismo? ¿Y si, para variar, ésta vez lo haces desde fuera? ¿Qué pasaría?

Llorar no es de cobardes. Ni mucho menos. Todos tenemos derecho a llorar en algún momento. Y muchas veces hace falta valor para pararte un rato y llorar. Pero no me malinterpretéis. Todos tenemos que aprender a llorar... Y a seguir adelante. 

Llorar no es de cobardes. Pero seguir con tu vida, rehacerla, es de valientes. Déjalo todo un rato, mírate. Yo he visto que lloro mucho. Y he tardado en darme cuenta. Pero que haya tardado no significa que sea tarde.

Eso recordadlo siempre. Nunca es demasiado tarde. Y menos si si tienes ganas. Ganas... ¿De qué? De continuar, de volverlo a intentar o, si quieres, de hacer borrón y cuenta nueva. Cada uno marca su propio camino, como ya nos dijo el Sr. Machado:

Caminante son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
Se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario