Todos necesitamos desahogarnos de vez en cuando. Si no, cualquier pequeña tormenta se puede convertir en un huracán. Y no os lo recomiendo, porque si eso llega a ocurrir, sólo tendrás dos opciones: estar en el ojo del huracán, o ser el propio huracán. Y mucho cuidado con lo que eliges, porque se va a destrozar todo lo que hay a tu alrededor.
¿Qué quieres? ¿Sembrar el caos, o ver cómo todo se hunde y no puedes escapar?
Os lo pregunto porque yo ya no entiendo nada, y no sé si, a veces, simplemente es más fácil ser el malo de la película.
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