Cuentan por ahí que cada uno se labra su propia suerte, que se recoge lo que se siembra y cosas de esas. Pero a mí me trae sin cuidado, porque he decidido echarte la culpa de todo lo raro que pasa en mi vida. Y te aviso: si normalmente ya son muchas cosas, estas semanas se han llevado la palma.
A partir de ahora eres responsable de todos los moratones que aparecen en mi cuerpo sin avisar. Si no me distrajeras tanto, me daría la mitad de golpes. Por tu culpa me duele la pierna izquierda y el codo derecho. He salido de fiesta un martes a una zona que ni siquiera me gustaba. Todos los días dejo para un día más tarde el terminar de hacer la matrícula. Me planteo que quizás no sea tan mala idea hacer una tarta cada vez que se me antoje. ¡Salgo a correr! Viví un terremoto en el despacho. Me he montado en el coche de un desconocido, y he invitado a merendar a una persona a la que no pensaba ver mucho más.
Lo que no entiendo es cómo no estoy corriendo en dirección contraria y con todas mis fuerzas. Al fin y al cabo, es lo que parecería más sensato, ¿no?
¡Otra cosa de la que tienes la culpa! Me has robado la poca sensatez que me quedaba.
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