jueves, 10 de marzo de 2011

Un fin de semana en Asturias.


    El otro día, después de muchísimo tiempo, me encontré con Jaime, el hijo de unos amigos de mis padres, con el que siempre me he llevado muy bien, y me contó que al final no se iba a Asturias a un cumpleaños como llevaba mucho tiempo planeando porque sus padres no querían que hiciera tantos kilómetros conduciendo él solo. Estuvimos hablando un rato, y cada uno nos fuimos a nuestra casa. No le di mayor importancia hasta que, cuando llegué a casa, me volvió a llamar por teléfono…

    Sin que yo me diera cuenta, llegó el viernes, y con él, el fin de semana. Cuando (¡por fin!) llegó el final de la última clase, y salí de la universidad, allí estaba Jaime, esperándome para que nos pudiéramos ir. Aunque el viaje duró varias horas, no parecieron tantas, porque nos pasamos todo el tiempo hablando, haciendo el payaso y cantando. Sonará absurdo, pero en esas pocas horas, nos conocimos mucho más, hablamos de ochocientos temas distintos, algunos serios, y como ya he dicho, muchos absurdos.

    Del fin de semana no hay mucho más que contar, fuimos a la playa, me enseñó la zona, por la noche fuimos al cumpleaños con sus amigos, y al día siguiente nos volvimos a casa. Visto desde fuera parece una tontería, pero para mí, el finde ha sido una pasada: hizo un tiempo estupendo, Asturias estaba (y es) precioso, y tuve la oportunidad de conocer a Jaime un poco más. Y la verdad, no sé qué ha sido, porque no ha pasado nada que no os haya contado, pero me he quedado con una sonrisa de oreja a oreja, que parezco tonta, durante toda la semana después del finde.


 


PD: Los que me conocéis un poco más, sabéis que tengo mucha imaginación y sobre todo, cierta tendencia a perder el tiempo montándome mil películas que nunca se cumplen, pero no sé por qué, ésta quería compartirla con vosotros.

Un beso,



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