domingo, 12 de junio de 2011

Ese deseo que siempre pides.


Un amigo de mi hermano hablaba del placer de esos fuegos artificiales de verano, una de las pocas cosas que nos hacen mirar por encima de nuestro ombligo.
No solo le plagio, sino que le contradigo. Porque hay un placer todavía mayor: tumbarte en la playa. Cuando ya está entrada la noche y no hay ni una sola luz.
Miras al cielo. Y ahí está. Esa masa de estrellas que velan la noche. Cada vez que bajo a la playa, o subo a la montaña, me sorprende. Y después de mucho tiempo esperando, la ves. Esa estrella fugaz, que tanto deseabas. Y sin saber si se cumplirá, cierras los ojos y lo pides… Ese deseo que siempre pides. Pero yo lo sé. Tú lo sabes. Y todos lo sabemos. Esta será la definitiva.

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