jueves, 14 de julio de 2011

No me desampares ni de noche ni de día

    Como ya sabéis, en mi descripción del perfil pone que soy un despiste con patas. (Y si no lo pone, tendré que cambiarlo para que lo ponga).

    Me decía mi amiga Sonso el otro día que ella últimamente tiene un ángel de la guarda que la cuida, y que por eso le salen tan bien las cosas. Como siempre, yo me limitaba a morirme de envidia. ¿Sabéis qué? Que mi ángel de la guarda no tiene nada que envidiarle al suyo. Y ahora veréis por qué.

    Esta tarde decido ir a la biblioteca de la universidad a estudiar. Sé que voy a volver tarde, y a esa hora por la noche no hay autobuses, así que cojo la moto para ir. Al llegar a la puerta de la biblioteca veo que no ay sitio para más motos, así que sigo a la manzana de al lado y dejo la moto ahí. Me voy, y OCHO horas más tarde, a la una y media de la mañana, salgo de la biblioteca, y al llegar a la moto… ¡Sorpresa! Había perdido mis llaves. "Bueno Asun, cálmate. Has tenido muchísima suerte de que no te la hayan robado. Lo primero es llevármela a casa para que quien sea que tenga mis llaves no se la lleve antes. Mierda. No me la puedo llevar a casa, no tengo llaves." Total, que llamo a mi madre (que evidentemente, estaba durmiendo) y le digo que busque las de repuesto. Que resulta que tampoco están en su sitio. Al final las tenía mi hermano, que no quería pedirme mi copia cada vez que cogiera él la moto. Pero no tiene la del candado. "A ver Mamá, cómo no va a tener la del candado. Si tiene esa copia para coger la moto sin tener que pedirme las llaves, también tendrá que tener el candado, ¡sólo la del motor no le sirve de nada!" Al cabo de un rato, encuentran la copia de la del candado. (Todo esto, a la una y pico de la mañana, imaginaos lo que debían estar pensando de mí en mi casa).

    Mientras discutía con mi madre por teléfono a mí me había dado tiempo a volver a mi sitio en la biblioteca, mirar que no estuvieran por el suelo, hablar con una amiga para ver si me estaba gastando una broma, volver sobre mis pasos, ir al bar donde habíamos cenado a ver si se me habían caído ahí. Nada. Ni rastro de mis llaves, y ni los de seguridad de la universidad ni las señoras de la limpieza las habían visto. Total, que cuando mi madre me dice que ya está saliendo de casa y que me trae la copia, vuelvo a la moto a esperarla. No sea que al desalmado que me las ha robado le dé por venir a llevarse la moto justo ahora que se va a solucionar todo. Pues justo cuando me siento en la moto, veo que se abre la puerta de la Escuela de Guerra del Ejército (Soy repetitiva, pero insisto, es la una y pico de la mañana, no es lógico que se abra la puerta a estas horas) y sale un militar (Nada feo, por cierto. Pero no soy objetiva, todos sabemos que me pierden los uniformes) que se me queda mirando. Y me dice: "¿Esa moto es tuya?". "Si… ¡Espere! ¿No habrá encontrado un peluche (sí, soy así de cursi, mi llavero es un peluche) con dos llaves, no?" Total, que sin hacerme caso, vuelve a entrar en la escuela, y cuando sale… ¡Tacháaaan! ¡Tenía mis llaves!

    Por lo visto, me las había dejado puestas, y un señor que lo había visto, les había dado las llaves para que me las dieran. Sí, tengo una suerte que no me la creo ni yo, que ya es la segunda vez que me pasa esto, y en las dos, me vino un chico guapérrimo a salvarme el culo.

    Y con esto queda demostrado que mi ángel de la guarda mola más que el de Sonso. Ahora sólo queda rezar por que siga por aquí mañana por la mañana, que tengo un examen en el que no me vendría nada mal su ayuda… Y es ahora cuando me acuerdo de aquello que rezaba de pequeña… y que me va a tocar retomar:

Ángel de la Guarda, dulce compañía. No me desampares ni de noche ni de día. No me dejes sola, que me perdería.

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