No era él. Ya sabía que no lo era, pero quizá pensé... Quién sabe lo que pensé. Que al parar un extraño por la calle recuperaría algo que estaba perdido. O que no hacía falta ser feliz para estar contento.
No es culpa suya. No es justo hacer que la historia se repita una y otra vez de la misma manera, pero querer que en una de ellas cambie el final por arte de magia. Al fin y al cabo, no es culpa de juego. Es que yo no sé jugar.
Hagan sus apuestas. La banca siempre gana.
Tal vez no te equivocaste tú. Tal vez se equivocó él. O todos, por crecer en la vida creyendo (ilusos) que nuestras decisiones las tomamos nosotros.
ResponderEliminarTodos sabemos jugar. La cuestión es encontrar el compañero correcto para que el juego merezca la pena.
No creo que se equivocara él. Él exprimió al máximo lo que había y (creo) disfrutó cada minuto. Eso no puede ser un error. El error habría sido seguir exprimiendo la naranja cuando solo queda la cáscara, porque eso es lo que da un sabor amargo.
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