lunes, 18 de julio de 2011

Do you come here much? I’d swear I’ve seen your face before…


    Estoy de vacaciones con mis amigas, y mientras estamos andando por la calle, se nos cruza un chico. Y para variar un poco, no os voy a hablar de él, porque supongo que sería un chico normal, pero la verdad es que no me acuerdo de él. Sí me acuerdo, en cambio, de su colonia. Recuerdo que me llamó la atención, y me llevó bastante lejos del Paseo Marítimo de Estepona. Me fui de la provincia de Málaga, de Andalucía y cambiamos de comunidad autónoma. En lo que dura un parpadeo llegamos a un pueblecito pequeño, pero más bonito que muchas de las ciudades que conozco. Es La Granja de San Ildefonso, en Segovia.
    Por esa colonia vuelvo a bailar en aquella plaza contigo y algunas amigas. Volvemos a dar un paseo por las calles cuando no hay ni un poquito de luz. Esa noche me dejó cicatriz. Y no es una metáfora, con la risa de si podías o no cogerme en brazos acabamos tirando la valla que había al lado, que me rozó la pierna lo suficientemente poco para que no nos diéramos cuenta hasta que ya había pasado un rato, pero que me hizo una heridilla. Pero que yo me de golpes o me haga heridas no es ninguna novedad, así que volvemos a bailar con nuestros amigos. Aunque ya ha pasado un año, volvemos a echarnos unas risas discutiendo sobre quién bebía más de la copa de ginebra con limón, aunque los dos sabíamos que la mayoría de la copa estaba en el suelo de la plaza (o en su defecto, en mi vestido). Suena el "Hola Don Pepito", y me prometes que siempre que oigas esa canción te acordarás de mí y de esa noche. Vuelvo a hacer un pase de modelos con tu camiseta, que huele a ti y a esa colonia que ha hecho que nos volvamos a encontrar, y hago bromas con que me queda mejor que a ti. Empieza a amanecer, y hacemos una apuesta: si son más de las seis y media, me debes una copa. De ginebra con limón, evidentemente. Eran más de las seis y media, y aunque quieres ir a por la copa, te recuerdo que no va a haber ningún bar abierto a esas horas, así que entramos en casa.
    No creo que recuerdes que todavía me debes una copa, y no creo que la famosa canción de Miliki te recuerde a mí. Nos hemos visto varias veces desde entonces y nos hemos reído y hemos vuelto a bailar, aunque no hemos hablado de ello y nada me hace pensar que te acuerdes. Pero, ¿Sabes qué? Hace mucho que decidí que no iba a pensar en lo que podría haber sido, y sonrío al pensar en ello.
    Y fue así, con mi sonrisa, que volví al Paseo Marítimo, donde estaban mis amigas, y donde no había pasado ni un segundo desde que yo me había ido, aunque hubiera dado tiempo a que se repitiera todo ese fin de semana en Segovia. Y es con esa misma sonrisa que escribo ahora, antes de irme a la cama. Porque el mero hecho de no haber tenido mi final feliz no significa que no sea feliz al recordarlo.

1 comentario: