sábado, 3 de septiembre de 2011

Como serían las cosas si las pudiera dibujar…


    Cogería el coche. Iría por el garaje hasta salir a la calle. Cogería la carretera, cualquiera sirve. Esta vez no iría con la radio puesta, porque quiero olvidarme de todo, aislarme del mundo, alejarme de todo eso que lleva semanas dando vueltas por mi cabeza.
    Empiezo a acelerar. Piso el embrague, cambio de marcha y sigo acelerando. Me da igual que esté lloviendo, yo voy cada vez más rápido, porque lo único que quiero es dejarlo todo atrás, correr más que mis problemas. Pasa un rato largo, aunque a mí no me da esa sensación. Al fin y al cabo, estoy concentrada en conducir y no pensar. Aunque me acaba resultando difícil y paro. He llegado a un pueblo pequeño, en la montaña, y está empapado, pero eso sólo lo hace más bonito. Hace fresco, pero no me importa. La vista es increíble, el pueblo está en la ladera de una montaña y desde el mirador se ve todo el valle, y al fondo, empieza a salir el sol.
    Quizá ahora, en un paisaje que merece la pena ver, me sentaría en la hierba y me apoyaría en un árbol. Da igual que estén mojados, ya me secaré. Me empiezo a calmar y observo lo que hay alrededor: todo es distinto: los colores, el olor, el viento… Sé que una vez allí, me gustaría poder hablar con un amigo, y cómo esta es mi historia, y me la estoy imaginando yo, le vamos a llamar Jaime, y le vamos a hacer aparecer por ahí. Él nunca se altera, y aunque no sea verdad, parece que siempre tiene todo bajo control, porque sabe lo que hay que decir para que deje de preocuparme. Hablaría con él, me demostraría que son todo tonterías, y que una vez más está todo en mi cabeza. Y después cambiaría de tema. Me contaría dos o tres anécdotas para que me ría un rato y me obligaría a salir de fiesta. Porque de vez en cuando, es necesario, y me lo voy a pasar bien. "Y lo sabes", añadiría.
    Ahí, tirada en el suelo de aquél mirador, se me habría pasado la tarde. Pero ya toca volver a Madrid, y se viene conmigo. En el coche me obligaría a poner música, y se reiría de mí cuando suenan canciones antiguas y le digo que no las conozco. No es ninguna novedad, pero seguiría fingiendo que se sorprende y se indigna cada vez que pasa.
    Tardamos un buen rato en llegar a Madrid, porque ya no hace falta correr tanto. Nos despedimos, aunque los dos sabemos que sólo va a ser por un rato, y es que esta noche salimos.
    "Y lo sabes"

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