Cuéntame una historia con final feliz. No, mucho mejor: Cuéntame MI historia, y su final feliz.
Porque para eso están, ¿no? Para evadirnos de la realidad durante un rato. Para conseguir que seamos felices, aún a costa de ver lo que tenemos delante.
Déjame que cierre los ojos durante un rato, que crea que no ha pasado ni un minuto, y que sigo siendo la misma niña con piel de porcelana y sonrisa en la mirada.
Abrázame fuerte, y cuéntame ese cuento de princesas donde todo acaba bien.
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