sábado, 4 de mayo de 2013

Como antes

Querida Adri:

Hace mucho tiempo que no te escribo un correo de los nuestros. Y aunque te sigo contando absolutamente todo, a veces tengo la sensación de que escribirte desde el móvil la mañana siguiente, no se acerca ni de lejos a cuando te mandaba emails kilométricos a las seis de la mañana para asegurarme de que no se me olvidara el más mínimo detalle. Hoy, aunque no sean las seis, y aunque esta vez tú estés de fiesta y yo esté en casa, te vuelvo a escribir.

Te escribo para contarte que no estoy enamorada, y que no creo que esto ni se acerque a lo que se cuenta del amor. Pero ese chico de origen francés y con nombre de pescador tiene algo, aunque yo todavía no sepa lo que es.

No es el más gracioso que he conocido, pero consigue que me ría con comentarios absurdos. Ni es el primero de su clase, pero me tiene absorta con cada palabra que explica.

Quiero contarte, que no sólo no creo que me vaya a enamorar, sino que no creo que esto vaya a ir mucho más lejos de cuatro mensajes tontos al teléfono. Pero a lo tonto, ya no lloro por las esquinas en temas que hace mucho que ya no son de mi incumbencia.

No me atrevo a decir que me da igual lo que pase: tú y yo sabemos que sería mentira. Pero también hemos visto que me levanto, que nunca se acaba el mundo, y menos en este caso. Sé que no te gusta, y sabes mucho mejor que yo que no va a salir bien. Pero también sabes que, cuando una relación, del tipo que sea, aporta algo, no importa lo mal que salga, habrá tenido su lado bueno.

Y con eso quiero que te quedes: con el lado bueno. Porque todo tiene dos caras, y a todos nos queda algo que aprender. Sobre todo a mí.

Buenas noches, y pasalo genial,

A. Pum.

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