jueves, 13 de febrero de 2014

C/J

Es ella. Yo me la imagino con la piel del color de la porcelana, rubia y unos ojos tan azules que te podrías ahogar en ellos, aunque la conozco morena, de pelo y ojos negros y un cuerpo que enloquece a cualquiera que pase a su lado. Hablamos de una mujer que baila como si no hubiera un mañana, que ríe a carcajadas y se divierte con todo lo que hace. No existe ni un minuto aburrido en su vida.

Es aquella que te puede hacer sentir especial con tan solo mirarte. La que te dice una sola frase con la que consigue que pienses que el mundo gira a vuestro alrededor. Esa con la que has hablado muy a menudo de todo tipo de temas, pero de la que siempre te falta algo por conocer.

Esa mujer que engancha.

La que es más fría que el hielo.

La que un día, cuando vuelves a por ella, ya no está. La que tiene la capacidad de desaparecer sin dejar rastro. La que puede hacer que te sientas como si nadie supiera que existes. 

También está él. Lo sé porque yo me crucé con él.


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