Días de
bronca. Los tenemos todos. En los que te levantas y empiezas a hacer tu rutina.
Hasta que, de repente, algo se tuerce. Te das con el pie en la mesilla, te
tiras el café en la única camisa limpia que te quedaba, el coche se queda sin
gasolina, o tu jefe te deja en evidencia n una reunión por algo que no es
cierto. Da igual el motivo, el gesto ya se te ha quedado torcido.
Por
favor, no cojáis el teléfono. No le escribáis en ese momento, porque vas a
buscar pelea y pueden pasar dos cosas: la primera, que no esté dispuesto a
soportarlo, y os responda. Y como el día es malo, te va a doler. Mucho. La otra
opción es que en tus ganas de bronca, le hagas daño tú a él.
Lo malo
es que esto sólo se ve a posteriori. Y a mí ya me ha dado tiempo a coger el
teléfono… y ya lo he dejado.
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