Señores, yo no soy indecisa. Soy TERRIBLEMENTE INDECISA. Si, en mayúsculas y resaltado en negrita. Una de las cosas que más me cuesta en el mundo es tomar una decisión. A mí se me ocurren las cosas, las pienso un rato, cambio de opinión, las consulto con la almohada, vuelvo a cambiar de opinión, le doy un par de vueltas y cambio de opinión. Si puede ser, lo hablo con una amiga (Adriana, Clara, Elena… No sabéis lo que me han tenido que soportar, ¡pobrecitas!) y no os vais a creer lo que suele pasar después de consultarlo con ellas… ¿Nadie? ¡Si, señores! ¡Cambio de opinión! Podría seguir ilustrándolo, pero creo que ya os hacéis una idea vosotros solitos.
Esto puede traer dos problemas gordos: Que te pase factura, y que mediante esa indecisión estés tomando una decisión. Si no os importa, vamos a hablar de éste último. A veces, no pasa nada. No me decido sobre qué camiseta comprar, y por tonta, se acaban agotando. Pero las hay más graves: no me decido a mandar mi CV, no me decido si me quiero ir al extranjero o no… Son ochocientas mil cosas que consiguen que, en mi día a día, no sea yo quien controle lo que quiero hacer. Porque cuando ya ha pasado, me doy cuenta de que no ha sido por mí, sino por otros. Y no quiero que sean los demás, conocidos o no, quienes tomen decisiones por mí.
En fin, supongo que ahora que ya he tomado una decisión, sólo me falta valor y encontrar el momento. ¡Deseadme suerte para que no tenga que venir a hablar de cuando la indecisión pasa factura!
Un beso,
Esto puede traer dos problemas gordos: Que te pase factura, y que mediante esa indecisión estés tomando una decisión. Si no os importa, vamos a hablar de éste último. A veces, no pasa nada. No me decido sobre qué camiseta comprar, y por tonta, se acaban agotando. Pero las hay más graves: no me decido a mandar mi CV, no me decido si me quiero ir al extranjero o no… Son ochocientas mil cosas que consiguen que, en mi día a día, no sea yo quien controle lo que quiero hacer. Porque cuando ya ha pasado, me doy cuenta de que no ha sido por mí, sino por otros. Y no quiero que sean los demás, conocidos o no, quienes tomen decisiones por mí.
En fin, supongo que ahora que ya he tomado una decisión, sólo me falta valor y encontrar el momento. ¡Deseadme suerte para que no tenga que venir a hablar de cuando la indecisión pasa factura!
Un beso,
Querida indecisa mía,
ResponderEliminartodo lo que preocupa, y es importante en nuestra vida, evoca a indecisiones. No te sientas ni mejor ni peor por ello. Es una parte de ti, que te hace especial. Pero te digo una cosa, la vida es demasiado corta para que te pases la mitad de los años pensando que hacer, y la otra mitad planteándote si lo has hecho finalmente bien.
Asun, vive lo que la vida te da...y piensa que muchas de las cosas que suceden no necesitan ser fruto de una decisión. Hazlas y que sea lo que Dios quiera.
MUUUUA =)