lunes, 29 de julio de 2013

A veces pasa.

No es fácil. Es algo que sabía desde antes, y es que a veces no mola nada tener imaginación. Ves esa escena una y otra vez en tu cabeza. A veces cambia y el final es distinto. Se cierra la puerta del portal y vas a casa. Duermes hasta las tres del mediodía, cuando te levantas con cara de malas pulgas, y tu padre grita fingiendo sorpresa: "¡Pero si es mi Bella Durmiente!" Pero te ríes, como te has reído todos los fines de semana desde hace ni se sabe el tiempo.

Otras veces el final da escalofríos, acabas sacudiendo la cabeza y subes el volumen de la música hasta que piensas en otra cosa.

La mayoría de las veces ni te acuerdas, y cuando lo piensas es de forma racional. Sabes lo que ha pasado y sabes lo que falta hasta que se termine. Lo que no sabes es cuánto falta. Pero no importa, porque lo peor ya ha terminado y no va a volver a ocurrir.

Ahora mismo estoy confusa. Mezclo sentimientos, y me pongo triste por cosas que no me han ocurrido a mí, y eso que a mí me queda un buen trecho por recorrer hasta que me puedan romper el corazón. Llegará, y será una buena noticia que pueda ocurrir. No que ocurra, pero sí que exista esa posibilidad. Hasta entonces, queda vivir como si estuviera en un concierto. Escuchar la música como si fuera un directo cuya canción no conozco. Cerrar los ojos y vivirlo. Empaparme de cada nota y de cada sentimiento. Y sonreír. Porque con una sonrisa y tiempo se cura todo.


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