viernes, 26 de julio de 2013

Paciencia.

Cada vez más nos encontramos con casos en los que, por culpa de una serie de personas, la gente sufre. A veces se trata de malversación de fondos públicos, otras veces son estafas, en algunos casos es porque, por diversos motivos o actuaciones, ha habido un daño físico e incluso se han llegado a cobrar vidas.

En un momento de dolor todos queremos explicaciones, un motivo o un culpable, y es lógico. El problema llega cuando se quiere rapidez en todos los procesos, tanto de investigación como de toma de decisiones. En situaciones tan delicadas, hacer las cosas bien lleva su tiempo y meter presión solo lleva a errores garrafales que perjudican a ambas partes.

Lo mismo ocurre cuando se hacen juicios de valor sin conocer todos los hechos. Se tenga o no influencia en la decisión final, una acusación pública tiene consecuencias ya sea provocando un daño moral, un perjuicio a la imagen del acusado, o una presión en el juicio que lleve a decisiones precipitadas.

No quiero que penséis que defiendo criminales o a cualquier otro culpable. Yo soy la primera que en un momento dado ha buscado un culpable para hechos graves. Pero todos tenemos derecho a un juicio justo, y no lo será tampoco para nosotros si la sentencia no es la correcta.

Las cosas de palacio van despacio. Ante todo, paciencia.

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